La disyunción española


La imposibilidad política de los partidos españoles para acordar un gobierno según la resultante de los comicios del 20 de diciembre de 2015, obligó -el 3 de mayo pasado- al rey a firmar el decreto de disolución de las cortes y, de acuerdo con el numeral 5 del artículo 99 de su Constitución, convocar elecciones el próximo domingo.

Cuando el mundo europeo aún no se recupera de las recientes crisis político-económico-financieras; la troika ejerce a mansalva poderes y reparte recetas entre los gobiernos de la Eurozona; el Reino Unido afronta un referendo (el 23 de junio) sobre su permanencia en la Unión Europea; los políticos y las comunidades se dividen acerca de qué consecuencias conllevará un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos; qué beneficios acarrearía otro con el Mercosur -o cualquiera de sus integrantes-, y el crecimiento de los PIB no aparece por ningún lado, se atraviesa una elección que entraña la pregunta de ante qué España estamos.

Es ineludible recordar al Antonio Machado de Los campos de Castilla y luego en los Proverbios y cantares, donde el poeta andaluz aludía en su tiempo a que el país llegaba al siglo XX en medio de una crisis de identidad. Más tarde, una España será visualizada por antifascistas republicanos como la noche de 40 años del franquismo con sus cargas de venganza, odio, represión e imposición fanática de religiosidad ultramontana.

Y como no hay mal que dure cien años llegó la muerte del tirano, la transición, la conciliación y hasta “el destape”: se legalizaron y reglamentaron los partidos y los sindicatos, mediante la instalación monárquico-borbónico-parlamentaria. De contrapartida se aceptó el silencio sobre los crímenes ejecutados por quienes asaltaron, primero, los poderes constituidos y luego los usurparon 40 años: así lo consagraron sociedades europeas occidentales, socialdemocracias y desde allende el Atlántico lo apadrinó Estados Unidos.

Hoy, transcurridos 40 años de la dictadura, renace una España de dos caras, donde hubo quienes fijaron normas que recortaron salarios, generaron desempleo, “flexibilizaron” los derechos laborales, privatizaron todo lo que pudieron y hasta apoyaron con rescates a sus amigos banqueros. Es decir, cumplieron con aquello que la troika les impuso.

La otra España, la de las grandes mayorías, policlasista, es la que padece por la pérdida de sus esperanzas luego que depositó, alternativamente, su apoyo en los partidos. El drama español de 1935 con la sanjurjada y el del año siguiente con los atentados a la legalidad, no están presentes hoy, pero millones sienten que una parte de sus existencias se decide en estos tiempos.

Probabilidades

En el contexto del nuevo acto eleccionario, destaca el avance del partido Podemos: con postulados de izquierda, surgido en esta década y fundado en enero de 2014, lo orienta Pablo Iglesias. En las elecciones al Parlamento Europeo de ese año obtuvo cinco escaños. En los pasados comicios españoles de diciembre consiguió cerca del 21% de los sufragios y colocó 69 diputados.

Para este domingo hay quienes dicen que conquistará más votos populares que el derechista Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy, pero la distribución de bancas por circunscripciones le asegura a éste la primera minoría.

Según encuestas, cuatro son los partidos que tienen posibilidades de formar gobierno, aunque nosotros creemos que únicamente tienen esa oportunidad los dos primeros que mencionaremos: el Partido Popular que consiguió en diciembre 123 bancas de diputados y en esta ocasión perderá entre una y cuatro; Podemos, con listas conjuntas con Unidad Popular, pasará de 71 a 85 u 87; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) caerá de las 90 de diciembre a 80 u 82, y por último Ciudadanos (expresión de otra derecha) tendría los mismos 40 del pasado o quizá un diputado más.

Si Rajoy del PP y Pedro Sánchez del PSOE representan los liderazgos de la alternancia postdictadura, y Pablo Iglesias y Robert Rivera a los emergentes Podemos y Ciudadanos, respectivamente, siguiendo un análisis que parece mayoritario podríamos asegurar que los cruzamientos y preferencias para formar un posible gobierno están de la siguiente manera: “Rajoy quiere acordar con Sánchez y, si es necesario, que se sume Rivera; Iglesias quiere pactar con Sánchez y, si es menester, que se añadan los partidos independentistas; Rivera sólo quiere hacer de pinza con Sánchez y/o Rajoy, pero sobre todo, quiere que esté Rajoy” (**).

Los medios

Desde el punto de vista del comportamiento de los grandes medios de comunicación españoles, no escapa a sus intenciones el intento de “embarrar la cancha” cuando encuentran un contendiente -Podemos- que tiene posibilidades electorales y lo consideran cuestionante de sus prácticas.

En América Latina, con la intención de generar una visión negativa en la opinión pública acerca de las acciones de los gobiernos progresistas que ensayan medidas de izquierda, las derechas vernáculas aplican estrategias comunicacionales a fin de minimizar o desprestigiar dichas administraciones y a los encargados de ejercerlas. Sin que la mención de los nombres implique necesariamente compromiso con sus planteos, recordemos que Cristina Fernández –como ex mandataria- apuntaba a una “matriz informativa” de la derecha continental contra ciertos gobiernos. Vale recordar la campaña de grandes cadenas contra Dilma Roussef desde antes de la reelección y su continuación hasta el presente; los embates sobre Evo Morales ante la eventualidad de que un referendo le permitiese reelegirse, para lo cual el descarrilamiento electoral lo produjo la invención de vínculos con actos de corrupción y la presencia de un hijo que no tuvo; Andrés Manuel López Obrador fue objeto de todo tipo de descalificaciones y hasta le colgaron el sambenito de que era “un peligro para México”. La propia Fernández de Kirchner debió soportar anatemas en tiempos electorales, dirigidos desde el Grupo Clarín y el diario La Prensa, beneficiarios de la última dictadura.

Ahora, “retribuyendo favores” a la derecha española, la oposición ultraconservadora de Venezuela ha abierto expediente –coincidente con la etapa final precomicial en la península- para determinar por parte de una comisión legislativa si el chavismo sufragó en parte la campaña electoral de Podemos. El chavismo –habida cuenta de la calificación que le dan las grandes cadenas- es tenido como una especie de satánico elemento que concentra todos los males del mundo occidental, atentatorio contra las democracias más bien recibidas y una suerte de “eje del mal”. Sobre la base de esa definición, que da al vocablo una connotación negativa, cabalga el tema que tiene amplia difusión en los grandes medios.

Deuda pública

Un tema no abordado en esta campaña es el referido a la deuda pública, que supera el total del PIB del país y que se incrementó un tercio desde el inicio de la crisis en 2008. De esta situación, a la que se agregan políticas de austeridad, surgen como beneficiarios los

conglomerados empresariales y los bancos que se guían por el índice bursátil de referencia de las bolsas españolas, siendo que dicha deuda no intenta contrarrestar la recesión, como indica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en un documento del 10 de junio pasado. Las bancas europeas, en general, se enriquecen en estos periodos mediante dos mecanismos: el crecimiento de las deudas de las naciones y los rescates bancarios dispuestos por los gobiernos con cargo a las arcas nacionales, es decir, al conjunto de la población. Se trata esta última, a ojos vista, de una forma de expropiación a las grandes mayorías.

Ruben Montedónico, integrante de la REDIU

-teleSURTV

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