Los ataques del dueño de Amazon contra Venezuela


Fundado en el año 1877, el medio digital e impreso The Washington Post es el más grande, antiguo y preponderante de la capital estadounidense. El solo hecho de ubicarse y operar con soltura en la ciudad que concentra el poder de decisión real de la política exterior gringa, desnuda su verdadera condición de artillería mediática estrella contra países (y sus principales dirigentes) que han decidido desafiar los designios de la Casa Blanca.

En el año 2013, The Washington Post fue adquirido por Jeff Bezos, el flamante dueño y fundador de la corporación de comercio electrónico y servicios de computación Amazon.

Quien fuera hijo de un cuadro gerencial de Exxon Mobil en Houston, no estaba terminando de recibir su título como ingeniero en la Universidad de Princeton para empezar a mover las palancas que le proveyó su padre en Wall Street y que ineludiblemente lo han convertido en esa nueva gama de empresarios globales que, con el cuento de la “digitalización del comercio”, registran miles de millones de dólares anuales en comisiones por caletear y bachaquear chatarra por todos los rincones del planeta.

Los ataques del medio digital e impreso propiedad del dueño de Amazon son insistentes, incisivos y aparecen en momentos claves de la coyuntura política interna en Venezuela, demostrando como sus editoriales y artículos de opinión en The Washington Post cumplen la función de ordenar, jerarquizar y orientar una buena parte del discurso político de los medios de la derecha internacional y venezolana y de sus aparatos de propaganda negra (Dólar Today, Maduradas, etc.).

Capaz el escuálido promedio no lee directamente al The Washington Post, pero siempre recibirá su neurótica dosis de desinformación efectivamente traducida por medios como La Patilla y Maduradas.

Tres años de ataques sistemáticos

The Washington Post fue uno de los medios estrellas en la creación de la matriz de opinión internacional del supuesto fraude electoral que habría cometido el Gobierno en contra de Capriles en el año 2013. Específicamente un día antes de las elecciones escribió un editorial afirmando que si Maduro ganaba las elecciones se iba a “arrepentir”. The Washington Post ya estaba montado con fuerza en la planificación de “La Salida” encabezada por Leopoldo López.
En 2014 salieron al ruedo varios editoriales sobre los “abusos de los derechos humanos de Nicolás Maduro” durante las últimas palpitaciones de “La Salida”, sobre la escasez y la “corrupción endémica” y sobre la “enfermedad” de la que el Gobierno había condenado a Venezuela cuando aceptó la rendición de Leopoldo López. Tres grandes temas contra el país que ocuparon buena parte la agenda política gringa durante 2014.
Bezos también quiere participar del saqueo planificado transnacional
Jeff Bezos, en su condición de megabachaquero transnacional y de empresario mediático, sistematiza y ordena mediáticamente los ataques de esa agenda estratégica y a largo plazo. A ese nivel opera.

Ya en 2015 sus operaciones mediáticas contra Venezuela consistieron en difamar al Poder Judicial venezolano producto de la justa condena a Leopoldo López, en hacer propaganda del colapso económico afirmando que “Venezuela está en quiebra” y a deslegitimar a la dirigencia chavista acusándola sin pruebas reales de pertenecer a carteles del narcotráfico con relaciones en Europa y Estados Unidos.
También es un club de operadores

The Washington Post, en relación específicamente a Venezuela, tiene sus fuentes estrellas para configurar sus operaciones mediáticas contra el país. Ricardo Haussmann aparece en varios artículos de opinión, “investigaciones” y reseñas sobre el inminente colapso de la economía venezolana, siempre “culpa del Gobierno” y nunca de los empresarios que estafan a toda la población recibiendo dólares preferenciales y luego vendiendo esas mercancías a tasa Dólar Today.

Thor Harlvorssen Mendoza, primo de Leopoldo López (de ahí la persecución mediática hacia nosotros con respecto a lo que ocurre con él) y dueño de la ONG financiada por la CIA Human Rights Foundation, también es columnista del medio y funge como la manoseada fuente para proyectar internacionalmente la matriz del Gobierno venezolano como un agente “violador de los derechos humanos”.

En su último editorial, publicada hace unos pocos días, The Washington Post se aferra a Dólar Today y al análisis del íntimo amigo de Ricardo Haussmann y director para América Latina del Fondo Monetario Internacional, Alejandro Werner, sobre la “implosión de la economía venezolana” para seguir nutriendo mediáticamente la estrategia de bloqueo financiero contra el país, ahondar en la amenaza de default y en la pata económica de la “crisis humanitaria” legitimada por la Asamblea Nacional.

Alrededor del bachaquero transnacional Jeff Bezos se congregan operadores financieros y oenegeros con importante poder de influencia en altas y medianas esferas de la política exterior estadounidense. El dueño de Amazon sabe que el poder económico que ostenta se traduce en alto poder de influencia en la agenda política contra Venezuela.

The End

Más allá de que Jeff Bezos sea un agente del asedio financiero contra el país, los intereses financieros en los cuales está enmarcado en el sueño húmedo de un cambio de gobierno en Venezuela hace afilar sus colmillos y que se manosee las manos.

Porque en ese proceso soñado de privatización de todo lo que apeste a Estado, que ahora tiene su espacio preliminar de difusión los martes y los jueves en la Asamblea Nacional, Jeff Bezos y su Amazon serán los más beneficiados cobrando jugosas comisiones mediante el bachaqueo internacional de cualquier cantidad de baratijas y chatarras producidas en el sudeste asiático con destino a Venezuela, para que la clase media siga alimentando sus infinitas ansias (con los dólares de Pdvsa, obviamente) de parecerse a un neoyorquino porque compra un Ipod de tercera mano a 75$ que dejó un japonés suicidado por el mercado laboral. La desaparición del atacado control cambiario y la apertura de las reservas internacionales significaría para el dueño de Amazon el botín que todo bachaquero de su estirpe se quiere tracalear.

-misionverdad

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