El precio del petróleo, todo un disparate


La enorme caída del precio del barril de petróleo ha hecho posible que en Estados Unidos un galón (3,7 litros) de ese producto valga ahora más que uno de agua o que sea más barata que dos galones de leche. Todo un disparate.

Hay que remontarse a 2003 para ver en las gráficas históricas un valor tan bajo como el actual —unos 30 dólares—, una cifra que sorprende no sólo a los analistas sobre todo porque hace tan sólo hace dos años estaba a 99 dólares y en 2012 alcanzó los 105.
Las razones de esta contención proceden de diferentes factores que actúan al unísono, pero especialmente se debe a la guerra de precios que se vive desde 2014 y que está dividiendo a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y perjudicando a Rusia.

Una de las causas de este fenómeno se llama ‘fracking’. Esta controvertida forma de extraer crudo basada en la fracturación hidráulica del subsuelo ha supuesto una verdadera revolución en Estados Unidos. Allí la producción de barriles diarios casi se ha multiplicado por dos en siete años, al pasar de 5,02 millones en 2008 a 9,41 millones.

Efectos ostensibles

Ese exceso de oferta ha tenido unos efectos sostensibles. En primer lugar, ha provocado que en EEUU, donde se usan muchísimo los coches, haya caído el precio de llenar los depósitos de combustible de los automóviles hasta niveles insospechados, por debajo de los dos dólares el galón. Realmente el coste fluctúa entre los 2,8 en Los Angeles (California) y los 1,5 en Houston (Texas). Este asunto del precio de la gasolina tiene tanta relevancia política que hasta fue mencionado por el presidente Barack Obama en su último discurso del Estado de la Unión pronunciado el pasado 12 de enero.

Al estar tan barata la gasolina, van a sufrir las flotas de vehículos que consumen electricidad. En otras palabras, esto supone un ataque en toda regla a las energías renovables (solar, etc.) que vuelven a quedar expuestas y prohibitivamente más caras si se las compara con las basadas en materiales fosiles.
Otro efecto demoledor viene siendo el comportamiento de Arabia Saudí. El Gobierno de Riad es, en gran medida, el promotor de esta lucha mercantil por recuperar mercados internacionales, consciente de que los estadounidenses ya producen más que ellos. No quieren ni hablar de reducir la producción, pues eso podría subir los precios y penalizar a los clientes seguros y potenciales. En esta estrategia de resistencia, los saudíes cuentan con el firme apoyo de cuatro Estados aliados y miembros de la OPEP, todos ellos situados en el Golfo Pérsico: Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.

Margen de maniobra

A Arabia Saudí no le interesa mover ficha. Está embarcada en una plan de desgaste. Tiene margen de maniobra: está poco endeudada en el exterior, tiene una buena reserva de divisas y, lo más importante, sus costes de extracción son bajísimos: unos dos dólares el barril.

Como sostiene la politóloga y profesora iraní Nazanín Armanian, la posición saudí es de carácter político para rescatar el dólar –echando una mano a EEUU, su aliado estratégico y neutralizando la iniciativa de los BRICS de usar el euro y el yuan en sus transacciones. De paso se perjudica a adversarios ideológicos como Rusia y Venezuela, que dependen de un precio del crudo fuerte para compensar sus presupuestos generales.
Otra variable muy a tener en cuenta en este puzle es que Irán está regresando al tablero comercial tras haber firmado la pipa de la paz con Washington. Los iraníes podrían añadir un millón de barriles al día a un mercado ya saturado en el que la OPEP ya cuenta con una capacidad excedentaria de 2,5 millones de barriles al día.

Lo peor de esta pesadilla de aires kafkianos —sobre todo para los afectados- es que no termina, es decir, que no tiene visos de que el precio suba a corto plazo. En otras palabras, el problema es estructural, como cree el economista y especialista en temas energéticos Daniel Lacalle, autor del libro “La Madre de Todas las Batallas” (Editorial Deusto).

China es uno de los grandes beneficiados de esta coyuntura. Consume el 10% del petróleo global, por delante de Estados Unidos, lo que implica que depende mucho de la importación de esta materia prima. En pleno proceso de desaceleración económica, los chinos pueden estar pasando de un modelo intensivo industrial a otro basado en el consumo que exigiría menos cantidades de oro negro que el otro.
También se aprecian ventajas considerables para las economías importadoras de crudo, como por ejemplo España, pues reduce sus gastos en la balanza externa comercial.

Ciertos analistas arropados por el diario economista Financial Times consideran que un barril muy barato supone un fuerte estímulo para el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.

Sin embargo, en Europa esta volatilidad en el mercado de materias primas se vincula con el riesgo y la incertidumbre. Esa tendencia presiona la inflación a la baja, ralentizando el crecimiento económico. Por eso no gusta ni un pelo al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dispuesto ahora a aplicar nuevas medidas de estímulo —léase inyección de dinero- en la zona del euro.

Plan de recortes

Además, las alarmas se han encendido en las empresas petroleras, acostumbradas a grandes márgenes de explotación durante la época de ‘vacas gordas’. Las compañías internacionales medianas andan preocupadas. Sin ir más lejos la española Repsol, cuyo precio en la Bolsa de Madrid ha sufrido las consecuencias, se halla embarcada en un complejo plan de recortes para pasar lo mejor posible esta ‘travesia del desierto’. Quizás le hubiera ido mejor si no hubiera comprado tantos activos relacionados con la extracción en Argentina o en Canadá y se hubiera concentrado en el refinado, sector en el que es puntero en Europa. Las compañías con costes de extracción altos pueden tener los días contados si se prolonga mucho este escenario adverso.
La OPEP, que produce el 32% del petróleo del planeta, huele a crisis. Venezuela y Nigeria solicitaron recientemente una reunión extraordinaria para discutir los precios del crudo. Recibieron por respuesta el ninguneo de Arabia Saudí y sus satélites. Ahora no toca. Para mover el mercado al alza, sería necesario un acuerdo con las naciones no-OPEP (EEUU y Rusia principalmente), algo que en estos momentos suena altamente improbable.

Tampoco funciona el riesgo geopolítico. En los años 90 del siglo pasado, la amenaza de un conflicto armado ocasionaba una casi inmediata subida de los precios. Ahora las guerras en Siria, Irak, Yemen o Nigeria no afectan lo suficiente y están descontadas para los brokers.

Fuente: -http://mundo.sputniknews.com/

Anuncios

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s