El nudo gordiano de la guerra económica contra el gobierno de Venezuela


nudo-gordianoEn el remoto año de 1948, siglo XX, a quienes ingresábamos al Liceo Fermín Toro y a la Juventud Comunista nos daban a leer como texto obligatorio la novela de Nikolai Ostrowsky “Así se Templó el Acero”. El personaje central, Pavel Korchaguin, nos daba la imagen de lo que debería ser el joven comunista: estudio, estoicismo, firmeza de principios, lealtad revolucionaria, solidaridad con los oprimidos. Hoy, ya en la segunda década del siglo XXI podemos ver como sigue siendo urgentemente necesario que el pueblo venezolano, sometido a la acción corruptora de la ideología rentista que nos inoculó la Cultura del Petróleo durante la IV República, comprenda la validez que tienen aquellos principios en nuestra lucha por crear la sociedad socialista y salir victoriosos.

La Revolución Bolivariana, como todo proceso revolucionario, tiene fases históricas. Nuestro enemigo, el Imperio estadounidense y la derecha local, no están inmóviles esperando que nuestros propios errores nos afecten: ellos están muy activos en su accionar contrarrevolucionario para destruir las condiciones materiales positivas creadas por el gobierno bolivariano en favor de las clases populares (incluida la clase media). El vil asesinato del Comandante Chávez y luego de dirigentes revolucionarios como Eliécer Otaiza y Robert Serra, tienen como finalidad acelerar lo que ellos consideran la descomposición de las condiciones materiales, objetivas y subjetivas creadas por el proceso revolucionario, hecho que conduciría -piensan- a la restauración del poder burgués (empresarial y comercial) como dueños del Estado venezolano.

La actual guerra económica es uno de los factores principales de la estrategia restauradora burguesa. La inflación inducida a nuestra economía no puede ser explicada científicamente por las leyes de la economía: no es posible que en condiciones normales los precios de los alimentos y los servicios aumenten semanalmente en porcentajes inexplicables. El que, por ejemplo, un kilo de caraotas negras aumente de 40 a 500 bolívares y de allí a 1000 bolívares en menos de seis meses, es difícil de explicar racionalmente. Para que se den esos saltos de precio, la burguesía comercial y empresarial ha creado un contexto de escasez artificial vía el acaparamiento, el bachaqueo y el contrabando de extracción hacia Colombia, alterando así las cadenas de producción y distribución de bienes y servicios de primera necesidad que garantizarían el normal abastecimiento de la población.

El objetivo de esa guerra económica es, en primer lugar, destruir el poder adquisitivo de la población venezolana, induciendo un empobrecimiento general de la vida cotidiana de las mujeres y hombres. Ello tiene como principal objeto táctico, golpear la economía doméstica y el consumo de alimentos básicos (aceite, mantequilla, arroz, granos, pasta, etc), de aquellos productos de los cuales depende esencialmente la higiene íntima de las mujeres y los niños (falta de pañales, toallas sanitarias, leche materna de fórmula, jabón de lavar, cloro, jabón de tocador etc.); golpear los hábitos lúdicos de los hombres y mujeres desapareciendo la cerveza; golpear el desplazamiento material de las personas (acaparamiento del aceite para motores, de la liga de frenos, de las baterías), produciendo los estados de angustia extrema, de morosidad sin solución que crea la situación de pobreza en una sociedad como la nuestra patológicamente habituada al consumismo extremo.

Se trata, como vemos, de un proyecto subversivo que desarrollan conjuntamente Fedecámaras y Consecomercio (entre otros agentes contrarrevolucionarios locales) inspirado en el modelo de golpe blando diseñado por el imperialismo estadounidense. Ese proyecto, que todos vimos venir, ha logrado tener éxito hasta ahora gracias a la ausencia de una respuesta oportuna, rápida, orgánica y vigorosa de nuestro gobierno. Es necesario comprender que estas coyunturas históricas tienen su momento (su timing) para actuar sobre ellas; de otra forma, perdida la ocasión, se perpetúan las circunstancias que fortalecen al enemigo de la revolución. Como dice el refrán: el que manda, manda y no ruega. Utilizando los instrumentos de los cuales éste dispone, es posible dictar una reforma impositiva que peche las ganancias por encima del 30% que manda la ley, habidas ilegalmente por la burguesía empresarial comercial acaparadora. El arma impositiva es utilizada en todos los regímenes capitalistas como medio para controlar las ambiciones de lucro desmedido de las burguesías.

La fuerza armada bolivariana está dando un combate ejemplar contra las mafias venezolanas y colombianas de acaparadores, bachaqueros y contrabandistas que forman el ejército subversivo de la guerra económica, pero su sacrificio no será suficiente si nuestro gobierno no trata en el corto plazo de reducir tácticamente la ambición y la avaricia de los empresarios y comerciantes burgueses.

Limitar y reducir el suministro de dólares a los empresarios y comerciantes subversivos es una medida estratégica que, en el medio y largo plazo, logrará el objetivo de crear nuevas condiciones económicas que sustituyan el rentismo tradicional. Pero, mientras tanto, aquellos nos aplican cada semana una nueva vuelta de tuerca para infligirnos cruelmente mayor angustia y desesperanza e inducirnos a una rebelión contra la revolución bolivariana.

Hasta ahora el pueblo venezolano, chavista, antichavista o ni ni, ha soportado estoicamente la crueldad de la guerra económica que nos ha impuesto la burguesía venezolana. Todos estamos conscientes que una vuelta al pasado es imposible. Incluso, en el supuesto negado que la derecha triunfase en las elecciones parlamentarias del 6D, el caos que ocurriría obligaría a la instauración de un régimen cívico militar que desataría el nudo gordiano de la guerra económica, tal como hizo Alejandro Magno en la antigüedad clásica: cortándolo con el filo de su espada.

Otro factor externo que alimenta la guerra económica es la mafia colombiana del contrabando de extracción, que cuenta con la ayuda pasiva tanto de la oligarquía como del gobierno colombiano. Si no podemos hacer la guerra a dicha mafia en su propio territorio, cerremos la frontera indefinidamente hasta que dicha oligarquía y dicho gobierno entren en razón, tal como hizo en su momento nuestro comandante Chávez.

Creemos sinceramente que la victoria en las elecciones parlamentarias del 6D es posible, pero también creemos necesario tomar aquellas acciones económicas que devuelvan al pueblo venezolano su confianza en las instituciones revolucionarias y templen tanto su voluntad de lucha como su conciencia social y política.

Mario.sanoja@gmail.com

iraida.vargas@gmail.com

via -aporra.org

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