Grecia y los amos de Europa


¿Qué salió mal?

Un acuerdo prevalente es que hubo un esfuerzo insuficiente para prepararse ante una eventual salida del Eurosistema si no se cumplían los objetivos de las negociaciones. Algunos expertos añaden que había una creencia ignorante de que la razón podría desempeñar algún papel en las negociaciones.

Tomando el segundo reclamo. El problema no era que los amos de Europa fueran irracionales cuando descartaron sin siquiera molestarse en comprobar la consistencia de las posiciones griegas argumentadas cuidadosa y profundamente.

No. El problema era que la parte europea fue igualmente racional, cuidadosa y reflexiva como el lado griego, pero con una agenda completamente diferente.

Los griegos querían eliminar el caos y lograr la estabilidad, pero de una manera que mejore la suerte de los que más han sufrido. Los amos de Europa también deseaban reducir el caos y lograr la estabilidad, pero sólo mientras defendían la redistribución de la riqueza y el poder hacia arriba.

A los amos de Europa no les importó en lo más mínimo los griegos, quienes son los más perjudicados con la crisis; se preocupaban sólo por los europeos (y griegos) que ya se habían beneficiado, quienes buscan mayores ganancias, y ciertamente ninguna pérdida. Así que la lógica del lado griego, mientras más estricta y más coherente era, fue justamente la peor pesadilla para la también lógica, pero vil, de los acreedores europeos.

Eso significa que en la negociación nunca se trató la posibilidad de hablar la verdad al Poder y que éste a su vez escuchara y que le importara un ápice. La negociación fue siempre la de enfrentar al Poder con una posible pérdida, mientras los amos decidían que no querían esa pérdida; “así que vamos a cambiar nuestra posición”.

¿Pero qué pérdida podría verse tan amenazada?

Peligro de disolución para los mercados internacionales de la Zona Euro, por una parte, y, aún más amenazador, un recrudecimiento de Syriza como proyecto, moviéndose más allá de la izquierda, extendiéndose por toda Europa y más allá. Sólo el miedo de estas dos posibilidades podría haber causado a los amos de Europa reducir la austeridad, o incluso acabar con ella, en un esfuerzo por evitar resultados más temidos. Por supuesto, también estaba presente el temor de un buen ejemplo anti-austeridad que los motivaba a que fueran tan punitivos y destructivos como sea posible en humillar y subyugar a Syriza.

¿Y el segundo error griego: un esfuerzo insuficiente para preparar una salida? Lo más obvio es que habían dos posibles vías de preparación. La primera fue doméstica -preparar a la población griega sobre la situación completa y sus posibilidades, así como organizar a los medios organizativos e institucionales para manejar los costos de la salida, de manera que se limitaran los daños y se abrieran los caminos hacia un futuro más positivo.

Cuando comenzaron las negociaciones, Varoufakis las debía haber manejado. Esto habría supuesto la preparación de un programa de medidas que incluyeran la nacionalización, los controles bancarios, la preparación de alimentos, clínicas médicas, nuevos centros de distribución, habilidades de re-entrenamiento de unidades militares para el servicio público, la apertura de edificios y escuelas para un uso más amplio, la formación en la supervivencia de base y organización, y así sucesivamente, además de la creación de una red de organizaciones de bases populares capaces de compensar los daños que puedan empujar a Grecia, no sólo a la salida, sino a retribuciones financieras europeas después del grexit, además de educar al público de lo que estaba por venir.

Tenga en cuenta, mucho de esto estaba en marcha hace cinco meses por iniciativas de la base. Y, además, cuando Syriza fue elegido, el público quería quedarse en la zona del euro – y cuando llegó al clímax-, lo mismo todavía era cierto. Algunos críticos decían que Syriza, respetuoso de la voluntad popular, debía salir del Euro¿, pero esto va en contra de la realidad pública.

Sin embargo, otros señalan que dicha realidad pública al haber sido modificada por la concientización y la organización, así como la generación de preparación institucional, tiene sentido. Más importante aún, exactamente el mismo sentimiento se aplica ahora, como antes.

La segunda vía de acción era la Grecia en el ámbito internacional. Es decir, Grecia tenía otro potencial en las negociaciones, el temor de la propagación de la resistencia al modelo. Así que el miedo se debería haber hecho más real por un segundo foco de acción griego. No sólo prepararse para la batalla en Grecia mediante el desarrollo de programas, redes institucionales, y la comprensión popular, sino prepararse para la batalla fuera de Grecia, enviando emisarios, incluyendo Tsipras, a toda Europa, con el mensaje de resistir a la austeridad.

¿Todo esto habría dado a Grecia un poder lo suficientemente creíble y grande como para ganar algunas concesiones importantes? No sabemos. Pero quizás aún mejor, si no lo hacía, entonces el camino habría sido allanado por más lucha y no por lo que puede ocurrir ahora, la depresión y la disolución, que era exactamente el objetivo de los amos de Europa.

De hecho, lo que se necesita ahora no es que Syriza cumpla sumisamente los deseos de los amos, ni que salga del Gobierno, o que Grecia se convierta en un felpudo mendigando migajas, o que todo el mundo empiece a poner en duda los motivos de los demás en el camino a la depresión y la disolución. Lo que se necesita es, en cambio, volver a hace cinco meses, pero estableciendo prioridades entre la preparación para nuevas crisis con todos los pasos mencionados anteriormente, y más.

El error fundamental de Syriza no fue que algunos dirigentes creían que los amos de Europa escucharían razones, por lo que optaron por poner casi todas sus energías a esa tarea, ni mucho menos imaginar que podían convencer a los europeos de que la salida estaba fuera de discusión. No, el problema real era que dentro de Syriza hubo poca o ninguna comprensión de que no había una sola manera correcta de proceder para sublimar a todos.

Syriza tenía, al principio de su mandato ganador, muchos miembros, incluso organizados en una facción, que querían seguir un camino diferente hacia adelante. Tsipras estaba en lo correcto, el camino de la izquierda todavía no tenía siquiera el apoyo de la mayoría de los partidarios de Syriza, y mucho menos de la mayoría de la población. Lamentablemente, sin embargo, esta observación correcta, erróneamente condujo no sólo a la derrota de la plataforma de izquierda, como programa principal, sino a su eliminación virtual como un camino continuo para explorar y experimentar. Este fue el error.

Los acontecimientos griegos desenmascararon a la UE y a sus amos, quienes violan la democracia y se burlan de ella, por beneficiar siempre a los más ricos, sin importarle el pueblo desposeído.

La lectura de Tsipras de la población, en el momento de su elección, parece haber sido bastante válida y precisa. Tanto las suyas, como otras falsas esperanzas en las negociaciones, fueron predeciblemente mal, pero eso no es completamente tonto, y en todo caso, sin ellas, Syriza nunca habría ganado las elecciones. Si queremos preguntar cómo las cosas podían haber salido de manera diferente, no debemos decir, bueno, si todos hubieran tenido otros puntos de vista, todo habría salido de otra manera. Eso es cierto, pero no en el mundo real. Debemos preguntarnos, en cambio, aún con las diferencias de opinión que existían, ¿cómo podían las cosas haber terminado de manera diferente?

Y creo que hay una respuesta. Supongamos que la actitud de Syriza habría sido que la forma correcta de hacer frente a una gran minoría con una perspectiva diferente era de respetarla y darse cuenta de que la opinión de la mayoría podía ser incorrecta o incompleta, o de duración determinada, y por ende percatarse de que sería conveniente explorar e incluso considerar en cierto grado implementar el enfoque de la minoría al mismo tiempo que el de la mayoría.

Para hacer eso sería deseable un seguro contra la opinión mayoritaria, en caso de ser o llegar a ser inadecuada, y también una buena inversión, por así decirlo, en contra de la división y la disolución. Uno podría imaginar, a modo de aprendizaje, tal enfoque con respeto y la exploración de la disidencia responsable, de esta formar, estaría construyendo la cultura y la conciencia, e incluso las estructuras organizativas de los partidos y los proyectos políticos de izquierda.

La idea contraria, de que puntos de vista contendientes deben competir para decidir sobre un enfoque y que éste debe tomarse como el único y correcto, y la opción derrotada quedaría en el olvido; está casi consagrada universalmente en la organización y acción de la izquierda. Y yo diría, con mayúsculas, que muy probablemente fue el principal culpable de la tragedia griega.

Los acontecimientos griegos han desenmascarado a la Unión Europea y a sus amos para que todos los vean. Cuando los amos de Europa violan la democracia, incluso burlándose al tratarla como menos que inútil (refiriéndose al referendo), los griegos obedecieron, siendo demasiado tímidos como para tratar de cambiar los argumentos de sus contrarios. Nada detiene a Syriza de re-embarcarse en la lucha, esta vez con una población mucho más consciente que hace cinco meses, y con experiencia adquirida también.

Los amos de Europa están librando una guerra de clases mediante amenazas, miedos, contratos draconianos y herramientas financieras de coerción. Syriza tendrá que librar esta situación también pero mediante el deseo y el poder de una población despierta e informada, tanto en casa como en el exterior, con la capacidad de nuevas instituciones y programas populares diseñados para soportar, repeler, y luego revertir depredaciones austeras.

via teleSUR

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