Venezuela contra el fracking


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hará una presentación  ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para defender a los países integrantes de la técnica de fractura hidráulica – fracking- promovida por Estados Unidos. Sus críticas fueron en dos sentidos: alertó sobre la agresión ecológica y advirtió sobre la maniobra imperialista en pos del control energético global.

Ante la reunión de la OPEP del próximo 27 de noviembre, Maduro presentará un plan de acción para “defender el mercado y el precio del petróleo”. Explicó que la explotación por fracking exponía los objetivos de Estados Unidos: al no poder controlar a las naciones exportadoras de petróleo como Venezuela, Rusia e Irán, la fractura hidráulica le permite inundar el mercado con petróleo extraído de modo agresivo, y hacer caer el precio del barril para afectar esas economías, sostuvo el presidente bolivariano.

Días atrás, el mandatario suramericano había denunciado que el descenso del precio del petróleo era consecuencia de esa pretensión de control energético global de EEUU. Ante ello, instó a reforzar la OPEP, mecanismo que integran también Irán, Ecuador, Nigeria y Emiratos Árabes, entre otros.

“La OPEP ha mostrado grandes fortalezas en todas las coyunturas y va a volver a demostrar su gran fortaleza recuperada por el liderazgo del comandante Hugo Chávez. Por eso estamos obligados a actuar, otra vez juntos, por los grandes intereses estratégicos y económicos de nuestros países. Estamos defendiendo nuestros recursos naturales”, señaló Maduro.

El fracking comenzó a implementarse  en EEUU a partir del agotamiento de los hidrocarburos de yacimientos convencionales –o de fácil extracción- . La técnica desarrolla una ocupación del territorio mucho más intensa y extensa, que conlleva a la utilización de grandes cantidades de agua y químicos de alta toxicidad: por cada excavación se necesitan entre 4 y 28 millones de litros de agua (se puede hidrofracturar un pozo hasta 18 veces).

Ante ello, Maduro se refirió a la agresión ambiental de la técnica extractivista como una advertencia contra la voracidad del extractivismo imperialista: “Los métodos de extracción de petróleo y gas que utiliza Estados Unidos y las empresas transnacionales pueden traer una tragedia para los pueblos de Latinoamérica”, sostuvo Nicolás Maduro el viernes.

“Hay lugares del planeta donde hay muchos residuos, pero los expertos siempre han aconsejado dejar eso allí porque forman parte de la corteza terrestre”, agregó. Por argumentos similares, el fracking fue prohibido en Francia y Bulgaria, a la vez que su desarrollo fue limitado en Alemania, Irlanda, Nueva Zelanda y Dinamarca, entre otros.

En cambio, en Estados Unidos la embestida del fracking se desplegó a más de 450 mil pozos y las excavaciones abarcan 34 estados. En esas regiones se registró  aumento de la actividad sísmica y son frecuentes el agotamiento y contaminación de las reservas acuíferas (al menos seis estados ya padecen la contaminación de sus reservas de agua subterránea), muerte de vegetación y animales, daños en la salud humana como alteraciones en la piel, afecciones en la piel, aumento del índice de cáncer, entre otras enfermedades.

La explotación a través de la fractura hidráulica consiste en perforar formaciones rocosas compactas a 2500 metros, donde se hallan el gas y el petróleo de difícil o nulo acceso. Para ello, se produce una explosión y se inyecta agua a alta presión, acompañada por un conjunto de químicos (“fracking fluid”) para generar una fractura en la roca y lograr la fluidez de los hidrocarburos a extraer.

Además del impacto ambiental, el fracking pone de manifiesto la exacerbación del modelo extractivista-saqueador-depredador, que encabeza Estados Unidos. En el año 2010, el Departamento de Estado norteamericano lanzó la Iniciativa Global de Gas de Esquisto, con el objetivo de “ayudar a los países interesados a identificar y desarrollar en forma segura  y económica sus recursos no convencionales de gas natural”. Como parte de un programa apoyado por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, los países seleccionados en primera instancia fueron  Argentina, Chile, Colombia, Perú y Uruguay.

vía PIA

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